Diseñar libros

¿En qué actitud mental diseñamos? ¿Cómo nos enfrentamos a un diseño nuevo?

¿Cómo nos afectan las características de la imprenta con la que vamos a trabajar?



Diseñar es una conversación, todo lo que debemos definir al comenzar un trabajo se hila en un diálogo que puede ser un monólogo con uno mismo, pero en algunos casos, con algo de suerte, se puede dar una conversación real entre el libro, el diseñador y el editor, e incluso con el autor.

Cuando comenzamos un nuevo archivo, lo primero que la aplicación nos pregunta es el tamaño, las proporciones del libro y ya ahí hay una infinitud de especulaciones posibles, pero junto con eso nos pide definir los márgenes; esta pregunta, que es bastante abstracta porque aún no vemos nuestra página, nos demanda un ejercicio de imaginación y retórica visual. Es demasiado luego para hacerla, especialmente si tenemos que definir los márgenes con números ciegos. Naturalmente se siente la necesidad de una manera visual de establecerlos, con diagonales que nos ayuden a visualizar su relación estructural con la página, porque así diseñamos, visualmente, con geometría.

Las razones para sentir que es demasiado pronto para definir sus márgenes, son en realidad una cadena de asuntos que se derivan de esa decisión, el más inmediato es el ancho de la caja, que trae consigo el largo de la línea de texto y éste, por lo tanto, el tamaño de la tipografía, que obviamente se relaciona con la interlínea y entonces también necesitamos saber los incrementos de la línea de base. Para tener esta claridad deberíamos haber definido la tipografía, pero, ¿la tenemos ya clara cuando hacemos el archivo o vamos probando en el camino? Son distintas metodologías de trabajo que pueden deberse a la formación del diseñador, su personalidad o simplemente la realidad de ese trabajo en particular, lo interesante es cómo terminan estos distintos caminos y sus diálogos. ¿Llegan a un mismo punto o la ruta afecta al resultado?


¿Podría haber una metodología más adecuada para cada sub-especialidad del diseño editorial? Efectivamente hay trabajos que requieren que seamos matemáticos en la construcción de las páginas maestras y la relación entre estilos de párrafo, hay otros en los que podemos dejar que nos guíe la visualidad, por ejemplo si es un libro de fotografía. Pero en el caso de un libro con muchos tipos de textos, en el que muchas "voces" habitan una misma página, tal vez sea mejor ser precisos y sistemáticos. Esta ruta requiere varios pasos antes de lanzarnos a poner textos e imágenes, por lo que a muchos les parece tedioso, pero da muy buenos resultados estéticos y nos induce a hacernos preguntas editoriales que son muy productivas. Por ejemplo, las relaciones de tamaño entre estilos de párrafo es un asunto de jerarquías editoriales y establecerlas diseñando es, tal vez, la mejor metodología cuando se trabaja con textos.


Diseñar libros es construir un objeto. Debemos tener siempre claro que todos los libros son objetos, no sólo aquellos a los que se les pone ese apellido, que no sólo es pretencioso, si no que denigra a el resto de los libros que no lo tienen. Los libros simples son siempre objetos y es nuestro deber ponerlos en valor con un buen diseño. No es necesario añadirles artificios, lo que sí es imprescindible, es tratarlos con respeto y manejar la tipografía con el cuidado que algo tan complejo y precioso merece. No es necesario nada más y esto ya es mucho.


En diseño editorial, el archivo es equivalente a los planos que hacen los arquitectos y la utilidad o falencias de la interfaz de diseño depende en parte de cómo varían los procedimientos en la industria gráfica. Por ejemplo, hace unos 15 años atrás era muy común el concepto de "la echá", que es una miniatura del libro hecha con papeles carta doblados simulando las cuartillas o la imposición de páginas en los pliegos de impresión. Este método en esa época era muy usado porque las imprentas tenían severas variaciones de precio según si se imprimía a 1, 4 o más colores, incluso al presupuestar había que especificar la cantidad de imágenes. Pero esto cambió, ahora cuando una imprenta tiene una máquina de cuatro colores, el que tu trabajo tenga solo 2, es bien irrelevante; como consecuencia de esto, la manera de enfrentar los trabajos también cambió y por lo tanto las necesidades técnicas del archivo. Por supuesto sucede que estos programas de diseño son creados en "adobelandia" y no obedecen a las tendencias de los mercados locales, imposible, pero es interesante pensar en estas relaciones entre la tecnología, las características de las industria gráfica local y nuestra manera de enfrentar los trabajo como diseñadores. Es un hecho que los cambios de la industria generan cambios en cómo enfrentamos nuestros trabajo. La famosa echá nos hacía pensar en pliegos y en cantidad de tintas, este pensamiento es un pensamiento editorial que genera reflexiones y eso es lo que buscamos.

Separar un libro por pliegos es un buen ejercicio y sería fantástico un sistema de marcación de pliegos en el archivo de trabajo. En una revista, en un libro de texto, en un catálogo de arte, siempre será útil evidenciar el cuerpo físico en el programa, porque ese programa no es sólo un programa de diseño, es también un programa de edición, porque al mover cosas se generan situaciones inesperadas y entonces inevitablemente, para hacer hay que editar. ¿Cuantas posibilidades de diseño se abren si identificamos los pliegos en un libro? Si pudiésemos desplegar los pliegos, podríamos pensar de otra manera el diseño y esa manera tendría una relación más orgánica con la impresión del libro y con su edición. Y es que los libros hay que imprimirlos! y se imprimen por pliegos, con tiro y retiro y luego esos pliegos se plisan para formar cuadernillos que se unen unos a otros con hilo. Aunque sea completamente cierto que no tomar en cuenta los pliegos o cuadernillos es válido y funciona, pensar en pliegos es un ejercicio editorial que vale la pena hacer, porque vincula el libro con su cuerpo material y con la industria que lo produce.


Y nuevamente, ¿cuál es la personalidad que le queremos dar a este objeto que diseñamos? Debiese ser la pregunta principal. Esa personalidad se materializa en tipografía, papel, grosor del papel, tintas, encuadernación... y todo esto se topa de frente con el presupuesto. Entonces preguntémonos ahora ¿qué cosas son ajenas al presupuesto? ¿con cuál aspecto de un diseño nos podemos relacionar libremente sin pensar en cifras? pues lo que queda a nuestro entero antojo y libertad creativa es la tipografía. Aunque las tipografías se compran, lo que hagamos con ellas tiene el potencial de determinar completamente la intención y personalidad en una publicación y esto es fantástico! La tipografía es forma que se graba en las planchas de offset o en el bastidor de una riso y esa forma pertenece a otra dimensión. Es dibujada por la tinta sobre el papel y no tiene más espesor físico que el espesor de la capa de tinta, es sólo un mapa de bits que almacena y dibuja contenido. En esa delgada capa cabe todo el contenido y el diseño imaginable.

La apariencia que queremos que tenga una doble página cuando abramos el libro es una definición de personalidad, es edición pura. Y otra vez el análisis nos lleva a pensar en las técnicas y posibilidades de la industria, porque por ejemplo, debemos considerar que al momento de leer un libro, éste nunca estará 100% abierto como lo muestra el archivo de diseño. Parece obvio que todos queremos que el libro se abra con facilidad y que se comporte amablemente en nuestras manos, sin embargo, para muchas imprentas esto no es tan evidente y algunas bajan los costos trabajando con el papel en contra de su fibra, otras incluso cobran por ponerlo a favor. Es primordial tener en cuenta la encuadernación en el trabajo digital. Cuando estamos frente al computador, hay que añadir mentalmente la información que la herramienta de diseño no nos muestra. Tal como lo hacen los programas de gestión de color para pruebas de impresión, ¿podría el programa de diseño simular el color del papel?, ¿no sería útil poder visualizar la tipografía en la situación de contraste contra el tono del papel?

Un buen programa de diseño editorial debe considerar la materialidad, porque el producto final no se queda dentro de la pantalla, sale de acá para extenderse en pliegos que serán impresos con tinta, tinta real que se adhiere al papel, negra o de colores, tinta que nos mancha las manos.


Es así como edición, materialidad, industria y diseño se enlazan en una conversación que no podemos eludir cuando diseñamos libros. Entrar o no en este diálogo ha de ser la principal diferencia entre ser diagramador y diseñador. El riesgo es que a mitad de camino nos demos cuenta de que nuestro diseño no funciona y tengamos que volver a comenzar, pero si realmente tenemos alma de diseñadores, llegar a esta conclusión nos dará más placer que espanto, porque pensar y entender es un placer y diseñar nos obliga a hacerlo.

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