Entrevista a Gustavo Martínez Conde, Gerente de Operaciones de Ograma Impresores


Los comienzos


MB: ¿Entiendo que estudiaste en la Escuela de Artes Gráficas?

GM: Así es, cuando se llamaba Escuela Nacional de Artes Gráficas

MB: ¿Y ahora cómo se llama?

GM: Escuela de la Industria Gráfica


MB: ¿Cómo era la formación cuando tu estudiaste?

GM: Era muy artística, nos enseñaban a hacer papel marmolado, a hacer litografía, nos hacían preparar colores y mucho dibujo.

Hace poco, en una capacitación en el Ingraf, les preguntaron a todos mis colegas impresores qué opinaban de la imprenta, si la ven como arte o como industria y la mayoría dijo que como industria. El arte se ha perdido, son muy pocos los que mantienen eso, pienso que una de las cosas que nos destaca en Ograma es que no hemos querido volvernos una “industria”, siempre vamos más allá, buscamos cosas distintas, tomamos desafíos que no todos toman, justamente para mantener esa esencia de lo artístico que es lo que nos mueve.

MB: ¿Y después de la escuela estudiaste Ingeniería Industrial?

GM: Si, estudié los 4 años de la carrera y egresé, pero finalmente no me titulé porque no estaba de acuerdo con la formación que recibimos. Me gustaba la carrera, pero no la calidad de la institución. Entonces no me quise titular porque cuando uno se titula abala a la institución y les permite seguir.

MB: Entonces estabas seriamente disconforme.

GM: Nosotros teníamos un vínculo con la USACH, la Universidad de Santiago evaluaba al instituto, sus profesores nos hacían exámenes, me iba siempre bien, pero en cuarto año de la carrera, como no me motivaban mucho las clases, fui a ver las clases de la USACH. Fue muy impresionante y frustrante ver la diferencia de calidad, me dio mucha impotencia. Entonces me puse a trabajar sin titularme y como se me empezaron a dar bien las cosas y ya después con familia fue difícil seguir estudiando. Me encantaría estudiar más, pero poniéndolo en la balanza, el sacrificio es muy alto.


MB: ¿tienes hijos chicos?

GM: Tengo dos niñas, Catalina de 13 y Antonella de 8 años.


MB: ¿Cuándo estudiaste ingeniería estabas ya pensando en dedicarte a la gráfica? Te pregunto porque hace poco me tocó dar una charla en la Escuela de Artes gráficas por un Fondart de especialización que tenía que rendir y el profesor que me atendió decía que los alumnos se meten más bien porque la escuela es gratis, porque les queda cerca de la casa, etcétera, en definitiva, lo es menos frecuente es el amor a la gráfica. ¿Entonces el bichito te picó cuando estabas en la escuela?

GM: Fue como divertido, porque cuando salí de la básica y tuve que elegir dónde estudiar, estaba medio perdido y de casualidad mi padre me dijo que el hijo de un amigo trabajaba en una imprenta, me pareció entretenido y fui a postular. La verdad es que me enamoré de la profesora que nos tomó el examen de postulación, me encantó y por eso me quise quedar a estudiar ahí. Fue completamente accidental.

Muchos de mis compañeros o les gustaba la escuela, tenían habilidades para ser pintores o dibujantes, entonces decían que la gráfica no era arte. Para mí sí y sigo creyendo que la impresión es un arte y como además está ligado con la ciencia, es algo muy especial. Ahí empezó mi camino y me empezó a gustar el oficio, me fue fascinando.


MB: tu cargo te exige manejar muchos asuntos técnicos…

GM: Yo nunca me quedo tranquilo con explicaciones superficiales, siempre busco entender bien cada tema, si me dices que el sol sale todas las mañanas porque sí, eso para mi no es válido. Creo que mi cargo es una consecuencia de mi actitud y, dios quiera, todavía me queda mucho camino por recorrer. Uno tiene que ser busquilla, por ejemplo, cuando un maestro me está explicando un problema, yo investigo, averiguo, veo bien la razón de porqué ocurre y no me quedo tranquilo hasta que siento que ya lo entendí.


MB: ¿dónde trabajaste antes de Ograma?

GM: yo entré a trabajar a Marinetti, haciendo el plan dual de la Escuela. Cuando tenía 16 y 17 años. Entonces yo era muy inmaduro y no aproveché la oportunidad. Tuve la suerte de que me tocara de maestro prensista Norlando Galaz –que ahora es el jefe de taller– un tipo que sabe muchísimo, muy capo, era un instructor gráfico, siempre se daba el tiempo de explicar todo muy bien.


MB: ¿Y hace cuánto trabajas en Ograma?

GM: veinte años.


MB: ¿Eras ayudante de prensista?

GM: yo era ayudante del ayudante… yo era el último niño que estaba para los mandados, de echo me hacían muchas bromas. El maestro lo hacía porque veía que yo estaba despistado. Una vez me mandó a la preprensa a buscar trama en polvo, pero me di cuenta y le llené un envase con tierra y se la entregué: maestro ahí está su trama en polvo. Las bromas en las artes gráficas son muy comunes.


MB: ¡Wow! ¿Quién ocupaba tu cargo antes que tu?

GM: Juan Carlos Valdivia, Carlos Díaz, Rubén Lepe, Fidel Valladares y antes Ernesto Salviat.


MB: ¿Con qué cargo partiste?

GM: Yo partí como ayudante de prensista.


MB: En algún momento imprimiste…

GM: Si, yo imprimí, te imprimí a ti también, tu no te acuerdas

MB: ¡¿En serio?! No me acuerdo…

GM: Pero yo me acuerdo de haberte impreso cosas a ti. Tú dando vistos buenos en las máquinas. Es que yo era muy distinto, pelo largo, flaco. Trabajábamos con máquinas a dos colores. A la izquierda, en la foto, está Humberto que todavía trabaja con nosotros.

MB: ¿te gusta imprimir?

GM: Me encanta. Si tu me pasas una máquina yo soy feliz.


MB: ¿Porqué no seguiste en Marinetti?

GM: Porque el jefe de taller me dijo que no tenía ninguna posibilidad porque era muy inmaduro. Yo dije, filo y me fui, pero justo me llama el profesor de la escuela que estaba a cargo del plan dual y me cuenta que en Ograma estaban buscando gente y tenía que ir en una hora a presentarme. Me recibió Fidel Valladares –tú lo conoces– y partimos trabajando al día siguiente. He estado acá 20 años, pero me fui un año, cuando estaba a cargo Don Ernesto Salviat.

MB: En ese tiempo estaba también Patricio Vargas.

GM: Así es, estaban los dos.


MB: ¿Cómo fueron tus comienzos en Ograma?

GM: Mi maestro prensista era muy severo, pero sabía mucho, en preparar color no he visto nadie mejor que él. No usaba instrumentos, nada, a puro ojo. Era muy bueno.

Una de las varias veces en que cometí errores olvidé activar el sistema de humectación, que ese tiempo se activaba con una palanquita –eran esas máquinas de la foto– y si no la mueves no entra agua y queda la escoba. Bueno, las planchas quedaron cubiertas de tinta, también los cilindros y los pliegos. El maestro tiró al suelo todos los pliegos llenos de tinta, un escándalo, yo me sentí muy humillado y me fui a llorar en los cuartos de lavado. Como yo era un niño mimado no soporté el rigor del trabajo. Entonces el maestro me fue a buscar y me dijo que, si por una cosa así me iba a bajonear de esa manera, entonces no servía para ese trabajo ni para nada y que, si no estaba de vuelta en la máquina en 5 minutos, mejor renunciara. Ese fue el punto de quiebre y cambié mi actitud completamente, me fortalecí. En ese tiempo, todo se ajustaba con pernos, no era electrónico como ahora y hasta entonces yo no me había atrevido a nada, pero después de ese evento me puse las pilas, de ahí en adelante calzaba las planchas, preparaba la tinta, hacía toda la pega; a los tres meses ya tenía dominada la máquina y el maestro me permitía operarla solo.

MB: ¿cómo se llamaba el maestro?

GM: Cristián Bringas.

Yo me aprendí rápido todas las mañas de la máquina, con una vuelta de tuerca quedaba un milímetro desplazada la plancha, si le daba media vuelta era medio milímetro y empecé a calcular y a afinar mi ojo para dejar todos los pliegos bien alineados y calzados. De las tres prensas, nosotros éramos los más productivos. Me convertí en el más cercano al jefe, era muy responsable, no participaba de ninguna de las aventuras nocturnas de mis compañeros.



El trabajo Ograma


MB: ¿Cómo ha sido la evolución de Ograma en términos técnicos? ¿cómo van pensando para dónde ir?

GM: El gran pensador es Don Juan Pablo Morgan, él tiene el modelo de negocio muy claro.

El reconocimiento que tiene Ograma tiene que ver con el aporte que han hecho todos los que han pasado por acá. Han pasado muy buenos profesionales, excelentes, por ejemplo: Don Raúl Carrasco, Ernesto Salviat, Fidel Valladares…


MB: ¿Qué hacía Fidel Valladares?