Los cuadernillos: cabeza editorial

Actualizado: abr 1

Hace algunos meses, en una visita a nuestros amigos de Gronefot (Mónica Nyrar y Jorge Gronemeyer), salió el tema de la encuadernación con PUR, sin cuadernillos. Desde entonces ese asunto se me quedó incrustado en la cabeza y no he dejado de pensar en ello, la idea de una libro sin cuadernillos me resulta insoportable y necesitaba entender por qué.

Este texto es un intento por entender y explicar ese por qué.


La primera imagen que se me viene a la cabeza es el pliego en la prensa: al parecer separar las hojas, es equivalente a borrar los signos del sistema de impresión, y ¿cuál es el problema con borrarlo? Para explicar eso tenemos que hablar del público en el que estamos pensando y debo confesar que, al menos en mi caso, ese público soy yo misma y algunas personas con las que sé que comparto un cierto lenguaje que posibilita un diálogo interesante. Si estuviésemos pensando en el público de una librería, que ojea los libros, compra alguno, lo lee y lo guarda en un estante, probablemente da igual, pero es muy difícil trabajar pensando en un público no especializado, porque aunque efectivamente son los destinatarios finales, no manejan los conocimientos que les permitirían ver, apreciar y evaluar los criterios editoriales con los que tomamos desiciones quienes diseñamos libros. Y no es arrogancia, es solamente interés cultural. Para diseñar libros necesariamente hay que observar el “sistema libros” y todo lo que eso implica.

Ser diseñador editorial requiere un conocimiento de las técnicas involucradas, su historia, su evolución, así podremos inclinarnos por uno u otro sistema de encuadernación con motivos concretos. Y no, no es posible en mi universo mental, hacer un libro sin cuadernillos. No vislumbro un escenario que lo justifique. Algo de toc demente puede haber en esta negación: imagino las hojas sueltas volando por el taller de encuadernación, desordenándose y mezclándose horrorosamente.


Lo que hace varios años se llamaba “la echá” y que ahora se llama “imposición de páginas”, es el ejercicio editorial que creo nos puede ayudar a entender este asunto.

Hace unos 15 años atrás, incluso 10, las imprentas cobraban distinto por pliegos a uno, dos, cuatro o más colores, ya no, ahora hay una muy leve diferencia que obedece al valor de las planchas, pero si estamos hablando de una máquina a seis colores, el valor de hora/máquina no variará mucho si usamos solo tres de sus seis cuerpos. Esa antigua costumbre nos obligaba a usar el método de la echá, es decir doblar una hoja carta según cuantas páginas tendría el pliego de impresión, numerarlas, e ir probando distintas distribuciones del color en el tiro y retiro de los pliegos, haciendo calzar estos ritmos cromáticos con las necesidades editoriales de la publicación. Esto permite que un libro de la impresión de estar impreso completo en cuatricromía, cuando en realidad hay pliegos en blanco y negro o sólo dos colores. Obvio que si cortamos las páginas y encuadernamos con el famoso PUR ese ejercicio no es necesario y somos libres de mover lo que queramos para donde queramos, efectivamente. Pero el asunto no es ese, el punto por que nos detenemos en este ejercicio tiene que ver el concepto desde “cabeza editorial” que conceptualiza, define y concreta la publicación.

Hacer la echá, nos hacer ver, experimentar, probar y descartar, todas acciones que están contenidas en el acto de editar. Pensar en el color de las páginas nos obliga a pensar en todo sobre ellas, qué página lleva color, por qué? no siempre es por una imagen, aunque muchas veces si, pero qué jerarquías hay en esta publicación, qué tipos de páginas hay? qué las diferencia? el color? cómo se aplica ese color, según qué? Todo esto está física e ineludiblemente vinculado con el pliego y el pliego es el soporte de nuestro contenido, es también lo que define un montón de cosas en la imprenta. Por ejemplo, la ecuación páginas x pliego y su relación con el gramaje del papel! Y si, es cierto, si encuadernamos sin cuadernillos no necesitamos estar pendientes de ese equilibrio, pero es justamente el cuidado de ese equilibrio el que nos muestra la belleza del trabajo editorial en la industria gráfica. Esa relación, páginas, pliego y gramos del papel, tiene como resultado el volumen del libro, su ductilidad, su peso en nuestras manos, la opacidad de sus páginas, el objeto.

TODO LIBRO ES UN OBJETO!

Esto mismo tiene también relación con el sentido de la fibra del papel, tal vez importa menos si encuadernamos con PUR (aunque igual importa), pero en todos estos cuidados está la magia del oficio y no hablo del trabajo artesanal, hablo también y más aún, del cuidado del trabajo industrial.

Si dejamos de hacer libros con cuadernillos, perderemos la noción del proceso y esa consciencia es fundamental para tener una postura como diseñador. Un diseñador propone soluciones, el punto crucial es que esos “problemas” que “solucionamos” no son necesariamente estéticos, son más bien conceptuales y no se puede atender asuntos de concepto sin saber historia.

Entonces, cuando hablamos acá de PUR no estamos hablando simplemente de un avance tecnológico, más bien hablamos de sus consecuencias. Sería un error compararlo –por ejemplo– con la aparición del sistema CTP (copiado automático de planchas > sin películas) porque esa tecnología potencia la trama, le da más solidez y nos permite tener puntos finos de trama tanto en luces extremas como en sombras profundas. Eso es un avance indiscutible, gracias al cual aumentan nuestras posibilidades técnicas y de diseño. El problema no es el PUR mismo, el problema es la falta de cuadernillos que se requiere para usarlo, porque no funciona con costura hilo.

El diseño editorial debe estar comandado por una cabeza editorial en el diseñador, no podemos diseñar sin editar. Necesitamos límites claros y responsabilidades claras entre editor, diseñador e imprenta, pero paradojalmente, en el ejercicio de nuestros oficios, necesitamos bordes difusos para nuestras mentes y nuestra creatividad. Estos bordes difusos son productivos y nutritivos sólo cuando provienen del conocimiento, por oposición de aquellos que en realidad son falta de respeto por el trabajo ajeno.





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