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  • Mariana Babarovic

EL TRABAJO CON TIPOGRAFÍA

Actualizado: 3 de jun de 2019

Empezar a mirar la tipografía de cerca es una experiencia bella y abrumadora. Hay demasiados detalles, demasiadas variantes, demasiados estilos, familias, demasiada historia y eso es justamente lo alucinante.

Componer un texto es como tejer. Cada letra es un punto, todos están unidos e interconectados, se afectan los unos a los otros, es una trama que se estira o se estrecha para ser cómoda para el usuario.

Pero lo bello no está solamente en la relación de los caracteres, es interesante ver cada glifo como un universo, lleno de posibilidades, de códigos y de oportunidades de significación. Es por esto que hay que ser bastante erudito para diseñar tipografía, al menos tipografía de textos. No es algo que se pueda tomar livianamente y requiere un tipo especial de tiempo para trabajar en ella. No se puede hacer entre medio de otras cosas, se necesita un horizonte de tiempo, una calma, soledad, concentración. En este sentido es mucho más parecido al arte que al diseño. Tal vez esto tiene que ver con que, al menos en una primera etapa, la tipografía se diseña con lápiz y cuaderno y esto determina un tipo de pensamiento y ralentiza el tiempo y nos mueve a otra actitud.

En el trabajo de un diseñador de tipografía, hay tres etapas bien distintas:

  1. El tiempo del boceto a mano es el momento en que se piensa dibujando, se analiza y se toman decisiones con el lápiz. Es acá donde se define el carácter de la tipografía que se está diseñando, sus rasgos característicos, su intención, cómo queremos que se vean las palabras que se forman con sus letras. Es una etapa estética y técnicamente preciosa y por eso mismo es fundamental darle todo el tiempo que requiera, si no la enfrentamos con la calma necesaria, tendremos que retroceder para retomarla en etapas posteriores y será doble trabajo.

  2. La segunda etapa consiste en digitalizar los bocetos y trabajar en el computador con el programa Illustrator. Este es un cambio de ambiente fuerte, se sufre, lo que nos parecía lindo ahora no nos gusta y al revés. Este es el momento de afinar lo que se dibujó, de editar y convertir los pixeles de la digitalización en vectores y trabajar con las famosas curvas de Bézier. Todo cambio de lenguaje y de ambiente supone pérdidas, renuncias y ganancias.

  3. Una vez en el programa de diseño tipográfico (Glyphs o Fontographer) los caracteres que fueron definidos y refinados en las etapas anteriores se siguen trabajando, pero esta vez unos en relación a otros. Se analizan las formas, pero ahora de acuerdo a su comportamiento grupal, probando primero sílabas, luego palabras y finalmente párrafos. Esta etapa de alguna manera es opuesta a la primera, pues es menos "artística" y más sistemática. De acá no se sale en pie si no se ha trabajado con un buen sistema, con una metodología clara de medición. En esta fase es donde todas nuestras intenciones se ponen a prueba y donde sucede la magia del tejido, la belleza de la lectura, de la secuencia que habla y suena.

Es importante decir también que un asunto fundamental es el diseño de los blancos tipográficos, por ejemplo el aire que está contenido en una "u" o el que queda entre las letras de la palabra "texto". Visualmente, esos espacios blancos se promedian con el negro de la tipografía y generan el "gris tipográfico", podemos decir que ese gris será más claro o más oscuro según el diseño de cada tipografía. Por ejemplo un párrafo en bold tendrá un gris más oscuro que uno tipografiado en light, y un texto en Times tendrá otro % de gris que si lo trabajamos con Bodoni. Lo fundamental es la estabilidad de ese "gris" cuando se compone un párrafo, esto no es nada simple. Depende de las formas y contraformas, pero también de su kerning. Esto está diseñado con muchísima meticulosidad y dedicación, es por eso que los diseñadores debemos respetar el kerning original de las tipografías que usamos y no intervenir ese factor cuando componemos textos. Estos espacios son los que hacen posible leer, nos guían y nos dan aire, alivian nuestra vista y nos permiten sostener una lectura prolongada sin cansarnos.


En este video Erik Spiekermann habla de su trabajo y lo compara con escribir música. Él dice que el tipógrafo hace el sonido, no la letra ni la melodía. Una misma melodía sonará muy distinto si la tocan en un piano o en una guitarra y un texto nos entregará un mensaje diferente según qué tipografía se use para escribirlo. Es una muy linda comparación porque la tipografía es estática en un libro, pero emite palabras y las palabras son sonidos.

También emite conceptos y significados con sus formas, aunque no todos nosotros estamos capacitados para "leer" esa información cuando nos enfrentamos a un párrafo. Esa información es en parte la que nos permite hacer buenas mezclas tipográficas en nuestros trabajos.

Este artículo habla de tipografía para ponernos a tono con el próximo curso: Composición tipográfica: del metal a lo digital

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